lunes, 22 de noviembre de 2010

Cielo Latini

"No sé cómo hubiera sido con otra persona, quizás menos trágico y con seguridad menos placentero, pero con Alejandro tuve la sensación de estar segura, de estar como en ningún otro lado. Querida, amada, respetada. 

Cinco meses pasaron de encuentros sensuales y llegó el día. Volvimos a encontrarnos como siempre pero esta vez fue muchísimo más placentero para ambos. 

Fuimos a su departamento y mientras nos besábamos nos desvestimos uno al otro. 

Nunca había visto a un hombre desnudo, Alejandro era perfecto: piernas largas y flacas, 
panza de juventud cervecera y un sexo que me hacía temblar. Me acostó en la cama, con suavidad y me repitió que iba a llegar hasta donde yo quisiera. Yo quería; tenía miedo pero a fin de cuentas, Alejandro era excitante. A continuación, se acostó encima mío. 

Casi sin darnos cuenta, llevados por el calor y la urgencia premeditada, terminamos haciendo el amor. Me dijo que no me iba a doler, porque iba a hacerlo despacito. Le creía, le creía cualquier cosa. Si me hubiera dicho que después de violarme iba a aparecer Papá Noel con una bolsa llena de Barbies para mí, también le hubiera creído. 

Lo cierto es que no me dolió demasiado (no tanto como me habían contado que dolía) a pesar de que Alejandro era enorme. 


Que Alejandro me haya esperado durante cinco meses me hizo tener la confianza suficiente como para amarlo sin tapujos ni resguardos, para dejar que me ame libremente, mostrándome qué se hace y cómo
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